12 mar. 2018

De pensiones y pensionistas


Los pensionistas se han echado a la calle. Los sindicatos y los partidos de izquierda se han apresurado a ponerse en la pancarta y anticipando que, en cuanto lleguen al gobierno, harán depender el incremento de las pensiones del IPC.

La reacción del PP ha resultado indignante para los pensionistas: porque, dicen los populares, a fin de cuentas, “son el sector de la población que ha sufrido en menor medida las consecuencias de la crisis”. Suena a insensibilidad se lea como se lea.
Y, no solo es insensible, también es,  seguramente, una torpeza: Sobre todo si uno se queda en la declaración sin explicarla ni acotarla. Porque, sorprendentemente, los datos avalan que la afirmación es bastante sensata y es, además, verificable.

En las ultimas semanas ha habido fuerte discusión entorno a este gráfico.
Según Eurostat, y tomando como base 2005, la renta mediana de los mayores de 65 años en España aumentó un 64%, una cifra mayor que cualquier otro grupo de edad.

Por el contrario, la renta de los jóvenes entre 18 y 24 años se incrementó un 9% en el mismo periodo. ¡¡Sólo un 9%!! La diferencia parece obscena.


Pero la diferencia tiene una explicación sencilla. El aumento de la renta de los mayores de 65 años es el resultado de la ola (realmente una oleada porque son los hijos del baby boom) de jubilaciones de gente que disponían de buenos sueldos. Y de políticas para la jubilación realmente generosas. Hasta el punto que la tasa de sustitución (del último sueldo por la primera pensión) alcanza el 80% .

Todo indica que las pensiones son la dimensión en la que el debilitado sistema de protección social es más eficaz. Solo la sanidad le es comparable.
Los jóvenes, por el contrario, se han incorporado a un mercado laboral segmentado y, por tanto, brutalmente hostil a nuevas incorporaciones al empleo de calidad. Si a ello se le añade que el welfare español es muy poco redistributivo la explicación del hundimiento del poder adquisitivo de los jóvenes es realmente sencilla de entender. Solo las redes familiares aliviaron esta auténtica catástrofe. Y, ciertamente, los pensionistas han jugado en ello un papel esencial.

¿Y estos efectos se extenderán a toda la vida laboral de los jóvenes?
Pues si no se toman medidas así será. Los estudios indican que la tasa de sustitución caerá del 80% actual hasta el 50% en 2060. Hasta tal punto será así que, entonces , las pensiones supondrán solo el 11% del PIB cuando actualmente suponen el 11,8%.
Se dirá que el PIB crecerá y eso aliviará el problema en buena medida. Efectivamente, asería si no operara en sentido contrario una pirámide poblacional absolutamente desfavorable por invertida. Y bien invertida: Hoy hay 3,5 adultos por cada jubilado y en 2060 habrá solo 2.

¿Es necesario mejorar las pensiones? Si mejorarlas significa provocar una cierta redistribución en el interior del sistema, quizá así sea. Si mejorarlas significa incrementarlas sensiblemente quizá no sea posible. Todo indica que el margen de maniobra será muy escaso: No se puede mejorar mucho una tasa de sustitución del 80%. Por eso, y a pesar de todos los casos que se puedan conocer, de todo lo que se pueda argumentar justamente, las pensiones y los pensionistas no son el problema principal.

El problema está en los jóvenes. O mejor dicho, el problema lo tienen los jóvenes. Los nacidos en la década de los 80 y la primera mitad de los 90 han pagado y pagan abrumadoramente las consecuencias de la crisis. Atravesaron la crisis al borde de las pobreza, se comieron las consecuencias de una legislación laboral humillante que les dejó inermes frente a los empleadores y hoy, en la incipiente recuperación económica, compiten entre ellos por nuevos empleos - para los que les falta formación- y con las generaciones más jóvenes, mejor preparadas y más audaces. Son gente con problemas que se les ha ido parte de la vida inmersos en la precariedad y tienen añadido: el sistema de protección español es de carácter contributivo y ellos han contribuido poco. Muy poco.

Los partidos de izquierda se han sumado de forma entusiasta a las movilizaciones de los pensionistas. Es lógico que lo hagan, tratan de competir en un segmento poblacional que ha sido un cliente electoral de la derecha son grupos que votan masivamente. Sin embargo,la izquierda no puede aparcar el más importante y grave problema que es la situación de las generaciones jóvenes. Que ahora votan menos pero que, cuando caigan en la cuenta, empezarán a movilizarse y a votar masivamente.

La izquierda tiene un problema. Si hay desigualdad, segmentación, encadenamiento indefinido de contratos precarios, problemas con el acceso a la vivienda, si la gente en edad de hacerlo no se independiza, si la adolescencia de facto se alarga a más de 30 años,… la izquierda tiene que hablar de ello y proponerles algo. Si ellos se tienen que buscar la salida solos, si se siente permanentemente alienados, si no tienen referencias políticas y electorales, puede que lo lamentemos mucho y largamente.

Y la izquierda tiene que decirles a los mayores que no son la prioridad. Que son el segmento menos golpeado por la crisis. Que el sistema de pensiones requiere profundas reformas porque no se puede ignorar los datos demográficos. Y es la izquierda la que debe proponer esas políticas. 

Implementarlas necesita del voto de los pensionistas. Una situación realmente diabólica.







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