Los
pensionistas se han echado a la calle. Los sindicatos y los partidos
de izquierda se han apresurado a ponerse en la pancarta y anticipando
que, en cuanto lleguen al gobierno, harán depender el incremento de
las pensiones del IPC.
La
reacción del PP ha resultado indignante para los pensionistas:
porque, dicen los populares, a fin de cuentas, “son el sector de la población que ha sufrido en menor medida las
consecuencias de la crisis”. Suena a insensibilidad se lea como se
lea.
Y,
no solo es insensible, también es, seguramente, una torpeza: Sobre
todo si uno se queda en la declaración sin explicarla ni acotarla.
Porque, sorprendentemente, los datos avalan que la afirmación es
bastante sensata y es, además, verificable.
En
las ultimas semanas ha habido fuerte discusión entorno a este
gráfico.
Según
Eurostat, y
tomando
como base 2005, la
renta mediana de los mayores de 65 años en España aumentó un 64%,
una cifra mayor que cualquier otro grupo de edad.
Por
el contrario,
la renta de los jóvenes
entre 18 y 24 años se
incrementó
un 9% en el mismo periodo. ¡¡Sólo
un 9%!! La
diferencia parece
obscena.
Pero
la
diferencia
tiene una explicación sencilla. El
aumento de la renta de los mayores de 65 años es el resultado de la
ola (realmente
una
oleada porque son los hijos del baby boom) de jubilaciones de gente
que disponían de buenos sueldos. Y de
políticas para
la
jubilación
realmente generosas. Hasta el punto que la tasa de sustitución (del
último sueldo por la primera pensión) alcanza el 80% .
Todo
indica que las pensiones son la dimensión en la que el debilitado
sistema de protección social es más eficaz. Solo la
sanidad
le
es comparable.
Los
jóvenes, por el contrario, se han incorporado a un mercado laboral
segmentado y, por tanto, brutalmente hostil a nuevas
incorporaciones al
empleo de calidad.
Si a ello se le añade que el welfare español es muy poco
redistributivo la explicación del hundimiento
del poder adquisitivo de los jóvenes es realmente
sencilla de entender.
Solo
las redes familiares aliviaron esta auténtica catástrofe. Y,
ciertamente, los pensionistas han jugado en ello un papel esencial.
Pues
si no se toman medidas así será. Los
estudios indican que la tasa de sustitución caerá del 80% actual
hasta el 50% en 2060. Hasta tal punto será así que, entonces
, las
pensiones supondrán solo
el 11%
del PIB cuando actualmente suponen el 11,8%.
Se
dirá que el PIB crecerá y eso aliviará el problema en buena
medida. Efectivamente,
así
sería
si no operara
en sentido contrario
una pirámide poblacional absolutamente
desfavorable
por invertida. Y bien
invertida: Hoy hay 3,5 adultos por cada jubilado y en 2060 habrá
solo 2.
¿Es
necesario mejorar las pensiones? Si mejorarlas significa provocar
una cierta redistribución en
el interior del sistema,
quizá así sea. Si mejorarlas significa incrementarlas
sensiblemente
quizá
no sea posible. Todo
indica
que el
margen de maniobra será muy escaso: No
se puede mejorar mucho una tasa de sustitución del 80%. Por eso, y a
pesar de todos los casos que se puedan conocer, de todo lo que se
pueda argumentar justamente,
las pensiones y los pensionistas no son el problema principal.
El
problema está en los jóvenes. O
mejor dicho, el problema lo tienen los jóvenes. Los
nacidos en la década de los 80 y la primera mitad de los 90 han
pagado y
pagan abrumadoramente
las
consecuencias de la crisis. Atravesaron
la crisis al borde de las pobreza, se comieron las consecuencias de
una legislación laboral humillante que les dejó inermes frente a
los empleadores y hoy, en la incipiente recuperación económica,
compiten entre ellos por nuevos empleos - para los que les falta
formación- y con las
generaciones más jóvenes, mejor
preparadas y más audaces.
Son gente con problemas que
se les ha ido parte de la vida inmersos en la precariedad y
tienen
añadido:
el
sistema de protección español es de carácter contributivo y ellos
han contribuido poco. Muy poco.
Los
partidos de izquierda se han sumado de forma entusiasta a las
movilizaciones de
los
pensionistas. Es
lógico que lo hagan, tratan
de competir en un segmento poblacional que ha sido un cliente
electoral de la derecha son grupos
que
votan
masivamente. Sin embargo,la
izquierda no puede aparcar el más importante y grave problema que
es la situación
de las generaciones jóvenes. Que ahora votan menos pero que, cuando
caigan en la cuenta, empezarán a movilizarse y a votar masivamente.
La
izquierda tiene
un problema. Si hay desigualdad, segmentación,
encadenamiento indefinido de contratos precarios, problemas con el
acceso a la vivienda, si la gente en edad de hacerlo no se
independiza, si la adolescencia de facto se alarga a más de 30
años,… la
izquierda tiene que hablar de ello y proponerles algo. Si ellos se
tienen que buscar la salida solos, si se siente permanentemente
alienados, si no tienen
referencias políticas y electorales, puede que lo lamentemos mucho y
largamente.
Y
la izquierda tiene que decirles a los mayores que no son la
prioridad. Que
son el segmento menos golpeado por la crisis. Que
el sistema de pensiones requiere profundas reformas porque no se
puede ignorar los datos demográficos. Y
es la izquierda la que debe proponer esas políticas.
Implementarlas
necesita del voto de los pensionistas. Una situación realmente
diabólica.
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