12 mar. 2019

El adelanto de las elecciones valencianas: un pacto de fenicios


Después de ver las las candidaturas  para las elecciones generales y autonómicas se hace inequívoco el pacto previo cocinado entre la dirección federal del PSOE y la dirección del PSPV. Quien lo dude no tiene más que ver el reparto equitativo de nombres incluidos en ellas. El reparto "familiar" y la adscripción a concretas agrupaciones  de los integrantes de las candidaturas es muy llamativa. "Canta como la hostia" que diría un castizo

No es menos llamativo el listado las grandes agrupaciones y de los nombres excluidos. Porque hay excluidos del pacto: son, sobre todo, los alcaldes y alcaldesas que ganan elecciones municipales con mayorías abrumadoras. Son esos a los que la dirección regional confía el granero de votos y en los que Puig fundamenta su legitimidad como candidato a la Presidencia  y como Presidente de la Generalitat.

Los barones territoriales con poder tenían clara una cosa: no les convenía que las elecciones en las que exponían sus cargos regionales coincidieran con las generales en las que Pedro Sánchez sometía a juicio su corta y serpenteante política al frente del gobierno. 
El caso de Andalucía estaba demasiado cercano como para ignorar los resultados habidos. Cuando se quebró la mayoría de la moción de censura que le llevó a la Moncloa y Sánchez fue obligado a convocar elecciones, parecía que lo barones con mando en plaza habían conseguido su objetivo.

Y entonces pasó: Ximo Puig adelantó las autonómicas valencianas un mes y dejo a mucha gente boquiabierta. En una pirueta de triple mortal con tirabuzón, se apeó de la convicción general. Así, sin más, sin anestesia, a lo bruto. A la valenciana: pensat y fet. Desde la oposición en les Corts y desde los propios socios del Govern la decisión fue tachada de electoralista.

¿Qué había pasado? Tengo dos convicciones :

Una: No creo en las razones  de protección de los  intereses valencianos  que invoca el President. Razones  que nunca explicitó.  Y si existieran sería notable que los demás barones no las hubieran visto. Además, no puede argumentarse una urgencia que no puedan esperar un mes.

Otra: Creo que, en realidad Puig no adelantó las elecciones sino que se las adelantaron. De otra manera, se las adelantó Madrid, porque Ferraz  sí tiene una buena razón: Necesita imperiosamente, con las generales convocadas, imponer la paz en los territorios. Y tratar de apagar o al menos controlar el incendio que el sanchismo prendió y alimentó con su estrategia de “tierra quemada” en las primarias del renacido.

Esa estrategia dejó la organización partida en dos mitades. En los primeros meses la nueva dirección federal, se afanó en hacer la brecha cada vez más  amplia y profunda sosteniendo de matute un pensamiento simple y maniqueo que a tanta gente nos ofendió. Y se afanó también con empeño en un indigno propósito:  estrechar  la democracia interna mediante un dudoso Reglamento Federal de Desarrollo de los Estatutos que  en realidad es un tratado de cómo controlar mayorías líquidas  y despreciar por incontrolables las razones de los disidentes.  ¡Qué pereza tener que explicar que la democracia no consiste sólo en votar y que razones del voto responsable son inseparables del voto mismo!

Cuando se precipitan las elecciones generales, alguien cae en la cuenta que un partido fracturado y desunido tiene más difícil alcanzar una victoria por pírrica que sea. Es tiempo de hacer candidaturas y templar gaitas. Hay dos territorios estratégicos: Andalucía y País Valencià

En Andalucía, una debilitada e inerme Susana Díaz, decide pactar las listas a las generales donde , lógicamente aterrizan paracaidistas procedentes de los ministerios.

Pero en Valencia  y para las regionales quizá la estrategia no funcione impunemente. Porque, avisados por Ábalos que es buen conocedor del ecosistema, probablemente el voto sanchista tenga dificultades para imponer sin escándalo sus candidatos. Lo más prudente, debieron pensar en Ferraz, sería pactar las candidaturas de ambas elecciones con la dirección regional. 

Pero se trató,  inevitablemente, de  un pacto entre fenicios. Un pacto que precisa de garantías . Y sólo encontraron una forma  de avalar el acuerdo  y las candidaturas acordadas: que ambas elecciones que se celebraran  juntas.

Puig debió discurrir que, en realidad,  no arriesgaba nada en el envite. Conseguía asegurar buenos lugares en las listas para sus añejos incondicionales. Y además podría repartir entre dos la responsabilidad un posible y hasta probable mal resultado que el CIS ha predicho en alguna ocasión. Vistas así las cosas, se podía aceptar la apuesta. Y la aceptó. Y así le  convocaron las autonómicas.

Quizá no sea del todo exacto que Puig no arriesgó nada. Verán,  Puig no es una barón indiscutible en Valencia. Y quienes puedan discutirle su baronía son algunos de los excluidos. Ésos a los que hacía mención al principio. Para ellos parece haber en su inmediato futuro un camino seguro: revalidar el tamaño de sus apoyos municipales.
Pero a partir de entonces, quizá el PSPV les exija además otro reto : forjar una alternativa menos líquida y fenicia. 











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